Anda al baño que se llena la bañadera.
Mi afeitadora eléctrica en el fondo del agua.
El miedo que todos tenemos a que se junte el agua con la electricidad.
Allí están las dos, la electricidad y la buena conductora que es el agua.
¿Cómo es posible que el agua sea tantas cosas?
A la maquina de afeitar eléctrica me la habían regalada hacía veinte años, todavía la usaba con los pocos y rebeldes pelos que me quedan.
¿Cuándo debería tirar a esa máquina de afeitar?
Tendría que hacerlo.
Pero ahora se estropeó, es una máquina estropeada, sus piezas dejarán de estar juntas, para estar sueltas, dejadas a que alguno se de cuenta de su inservilidad y sea tirada a la calle, no es lo mismo tirar un pollo viejo a la basura que a mi querida afeitadora eléctrica.
Los objetos son demasiado orgánicos, tienen cuerpo y me dan pena, igual que la pena de pensar cuando mi gata no esté más. Dicen que después de la vejez viene la muerte, entonces tengo que esperarla.
Una afeitadora y un gato forman un organismo, un ser humano no,
El cuerpo sufre por ser organizado, y estar vaciado.
una parada incomprensible por completo recta,
no hay esfinge, no hay pulmones, no hay aire,
el cuerpo lleno es el objeto.
Entra frío, cerrá la puerta que entra frío.
Mi cuerpo es el temor de haber perdido a la afeitadora, y de temer perder a la gata, y el cuidado de que ese lado está la electricidad y te podes quedar pegado,
Ir hacia otro lado, seguir andando, salir del baño y no tener lugar adecuado.
domingo, 7 de junio de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario