El cambiador de Hombres.
__Nos hacen dependientes de la mujer __
“Ayer fui a cambiar a mi hijo y no había cambiador en el baño de hombres”. Y hablamos de eso: el baño de hombres era inútil para las imprescindibles tareas de cuidado y cambio de un pañal cagado. Había que ser mujer para lograr tener un lugar apropiado para extender el bebé y realizar una cantidad enorme de acciones de higiene y suplantación del pañal sucio por uno limpio.
Marcelo se divertía contando cómo lo había realizado, en sus muslos preferentes y con el hijo medio volando, medio cayéndose realizó el difícil acto final, el más difícil, de pegar el pañal alrededor de las caderas infantiles.
Comenzamos a seguir este camino, como siempre con impredecibles consecuencias.
Recuerdo que hablamos que la mujer tiene el camino sanitario más propicio para su función de madre y como madre tiene los instrumentos necesarios para hacer los cambios de su bebé.
¿No deberíamos, los hombres cambiadores de pañales luchar por nuestra igualdad de derechos?
Los hijos deben quedar al cuidado de las madres parece decirnos ese baño público.
Hasta que se pueda cambiar solo o al menos pueda bancarse sucio sin fastidiar a todo el resto del mundo, el bebé será higiénicamente de la madre o del malabarismo paterno.
Al no haber cambiador masculino, el bebé tendrá sexo que no caerá bajo la antinomia inflexible del hombre-mujer, no caerá sobre él la prohibición de entrar al baño de su género opuesto. Pero los bebes hombrecitos no se quejan, al igual que los hombres aceptan con entereza viril que los cambiadores los discriminen.
Los hombres y el baño es un tema más englobante que si existen o no cambiadores infantiles alegarán algunos y con razón.
Los hombres son diferentes a las mujeres, éstas necesitan manejar el cuidado de su higiene personal con mayor asepsia que el hombre que hace pis parado y no le importa mojar el asiento para quién venga después a sentarse.
El hombre discrimina su parte anal, es lo bajo y es lo que no debe entregar a hombre alguno. Marcelo ha escuchado, está seguro que alguien en algún momento de su niñez le ha dicho con esto, hasta con palabras tajantes. Pero no recuerda quién fue, ni cómo fue.
Comenzamos a hablar de ese atrás.
Las mujeres se solidarizan con la otra que se va a sentar en el mismo baño público. El hombre va al baño y se olvida que detrás viene otro. El problema del hombre es el detrás.
Marcelo me cuenta que ha leído un libro de Flavio Rapisardi que hablaba durante la época de los militares de las teteras en los baños públicos. Eran encuentros entre hombres en lo más bajo de los meaderos públicos.
Y hoy vimos varios “detraces”, el detrás de la caca del hijo, el detrás no me importa quién venga, el detrás tengo un hombre con su falo y sus objetivos.
Le pregunto que otros “retraces” se le ocurren y ahí se queda callado. Percibe quizás por primera vez que yo estoy detrás de él y esto produce un instante de silencio.
martes, 12 de mayo de 2009
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