martes, 12 de mayo de 2009

LA CÓLERA DE LOS DIOSES

LA CÓLERA DE LOS DIOSES

A diferencia de la genealogía cristiana que ubica a la culpa como el principio de la aventura del hombre, los primeros escritos que conocemos de la cultura helenística ocupa ese lugar la cólera.
Zeus fue engañado por Prometeo y el Dios de los dioses encolerizado le mando a él y a los hombres, sus beneficiados, la caja de Pandora, sorprendentes males ligados a la curiosidad y a la ambición.
Zeus es un Dios encolerizado pero pensante de su venganza.
Escribe Hesíodo:
“Pero Zeus lo ocultó, encolerizado en su corazón, cuando lo engañó Prometeo de tortuosa mente; por eso él para los hombres meditó penas miserables.” [1]
En el comienzo del hombre no está la culpa sino la seducción y la erótica que lleva a los Dioses a mostrar las entrañas una y otra vez. Los dioses se encolerizan con estas criaturas tan vulnerables y amantes.
De las entrañas de Zeus, nace el buitre, que es la encarnación del engaño amoroso y la cólera que provoca.
Zeus manda la tinaja, la caja de Pandora, manda a la mujer Pandora, para que cuando se abra, se desparramen “las desgracias para los hombres emprendedores”.
“Gran pena para ti mismo y para los hombres venideros”, se trata del mal que caerá entre nosotros, y un mal muy especial porque producirá un regocijo, el hombre “tratando con cariño su propio mal”.
La erótica del mal.
No existe la separación entre buenos y malos, santos y pecadores.
El hombre deberá manejarse con esa Discordia.
¿Será regocijo del mal o regocijo del mal ajeno? solamente el lugar del Sustento podrá mantener alejado a las pegajosas querellas.
El trabajo que es sufrimiento terrible, que es la venganza de Zeus. “Antes solía vivir sobre la tierra la raza de los hombres lejos de los males y sin el duro trabajo y las enfermedades penosas, que dan a los hombres la muerte” es lo que lo aleja también de un sufrimiento constante.
Las estaciones del año modelarán el espíritu del hombre que trabaja. Y de esa tinaja existen los bordes, debajo de esos bordes se ha escondido la esperanza.
“Sola allí la Esperanza, de las indestructibles moradas dentro permaneció, bajo los bordes de la tinaja, y hacia fuera no voló”.[2]
Los males van y vienen por el mundo, “pero llevándoles males a los mortales en silencio, porque la voz les sacó el astuto Zeus. Así de ningún modo es posible eludir la razón de Zeus.”

[1] Hesíodo: Trabajos y días, Editorial Losada, página 87.
[2] Ibid, pag. 91.

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