martes, 12 de mayo de 2009

Y DESPUÉS

Y DESPUÉS…

Me quedé impresionado de lo que me contaste.
Vivo escuchando pero eso no lo resistí sin un par de pesadillas y miedo a que las balas que no te atravesaron, por la maldita ósmosis, me llenaran la cabeza de sangre hasta encontrar un agujero para derramarse.
Y después…
Tenías soriasis en los codos y cuando los empinabas se agrietaban como abrigo hilado de antiquísimas pieles. Y dolían, nunca pensé en cómo dolían esas grietas…

Las voces salían angustiadas, y yo no entendí qué te pasaba hasta hoy.
No estás muerto de pedo, y vivís rodeado por un gusto apocalíptico: en cualquier momento cae el meteorito que hace desaparecer a los dinosaurios.

Y decís que por orgullo no irás para atrás.
Y estás preocupado por cómo están las mujeres hoy en día.
Y qué va a ser de vos habiendo tanta diferencia como cuando salís con la Berlingo o con la Toyota. Que a todos les interesa lo que tenés para mostrar. Que las mujeres se separan muy rápido de sus hombres, que los descartan como pañales de farmacia. Que les interesa la plata, por eso los españoles llamaron a estas tierras las del plata. Porque sus hombres y sus mujeres estaban muy interesados en la plata,
en lo que reluce,
y muestra
y envidia,
y

Lo que me a mí me aterra es cómo me miraste cuando dije que la soriasis se cura y que no eras el primero al que se las hacía desaparecer, pero así no se puede decir, en Argentina no, está todo politizado, sobre todo el lenguaje, no se puede decir hacer desaparecer sin contabilizar hombres y mujeres y niños, cuerpos que ya no están.
Y después…
No se puede hablar con inocencia.

Te aterra pensar que las cosas no son cómo te las enseñaron. ¿Que sería de vos sin tu familia? Y decís que la muestra de tu fracaso es que estás acá y me haces enojar. Me subo y me bajo con mi sangre a la cabeza cómo los kilos que acuden a tu panza porque tenés una hernia en el esófago que no deja que hagas alguna vez una digestión humana. Y así no se puede y engordás y volvés a engordar después de adelgazar por olvidarte muchas de comer.

Y sos tan joven, en el momento que un hombre tiene que decidir qué hacer con su vida, vos ya la perdiste varias veces, y la que te queda no te deja en paz, entre regurgitaciones y pieles agrietadas que duelen como la puta madre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario